En las afueras de La Paz, una localidad costera de la provincia de Entre Ríos, se encuentra ubicada la finca «Cabañas del Viñedo» . Aunque la ciudad está situada sobre el margen entrerriano del río Paraná, la propiedad no se encuentra directamente sobre la costa. Sin embargo, la naturaleza y sus bondades están a la vista: se percibe un orden prolijo que refleja el esmerado cuidado de sus dueños.
En el lugar se cultivan diversas variedades de uvas, entre ellas: Tannat, Malbec, Cabernet Sauvignon, Viognier, Marselán, Flame Seedless y Red Globe. Estas viñas constituyen el corazón del proyecto vitivinícola de la finca.
Además del viñedo, el complejo cuenta con siete cabañas totalmente equipadas y una pileta central de grandes dimensiones, ideal para disfrutar durante los calurosos veranos entrerrianos, cada vez más intensos por el cambio climático. También forma parte del predio un monte nativo, celosamente conservado por la ingeniera agrónoma Eloísa Martínez , propietaria del lugar junto a su esposo, Pablo Menna.
El proyecto nació durante la pandemia de Covid-19. En aquellos días de estricta cuarentena, Eloísa y Pablo aprovechaban los 500 metros permitidos para caminar y explorar los alrededores. Fue entonces cuando descubrieron una chacra de 11 hectáreas puesta a la venta. Nunca antes la habían visto, pero algo los sedujo desde el primer momento. “Pasamos, vimos el cartelito que se vendía, pedimos permiso, pasamos, ¿no? Entramos a recorrer, esto era un monte, había una casita, un desastre, había caballos”, recordó Eloísa con nostalgia.
En un principio, el objetivo del emprendimiento no estaba relacionado con la producción de uvas. La ingeniera siempre soñó con tener una granja agroecológica. “Quiero mi granja porque amo la agroecología. Me dedico mucho a la huerta orgánica, es más, doy clases en la escuela Manuel Pacífico Antequeda”, explicó. Pensaba cultivar productos regionales como nuez pecán o árboles frutales. Pero fue un amigo mendocino, Benjamín, quien le sembró la idea del viñedo.
Este inspirador cuyano no solo aportó la idea sino también el contacto necesario para adquirir las plantas. “Compramos las plantas, él nos hizo todos los contactos, nos fuimos a Mendoza”, contó Eloísa. Así comenzó el cultivo del viñedo, que hoy luce parcelas bien organizadas, con líneas de producción diferenciadas por variedad. Más de 1700 plantas esperan su momento de cosecha en la próxima vendimia.
La proyección del proyecto es llegar a contar con 3000 plantas. Cada una produce en promedio unos cuatro kilogramos de uva, que luego son procesados en la pequeña bodega de la finca. El rendimiento aproximado tras el proceso es de tres litros por planta. Según la variedad, el vino es envasado como varietal, espumante o blend, resultado de la mezcla proporcionada de distintas uvas. Los resultados finales incluyen vinos blancos, rosados y tintos, que ya comienzan a conquistar paladares locales.







