En el Paraje La Piragua, Villa Hernandarias, Entre Ríos, se encuentra Viñas de Barrancas, un viñedo que destaca por su enfoque agroecológico en la producción de vinos. Este emprendimiento es llevado adelante por la pareja de Alicia Costamaña y Rodolfo Agnese, ambos profesionales jubilados – ella bioquímica y él licenciado en química – quienes decidieron dedicar su tiempo a «un emprendimiento que respeta la naturaleza» dijo Agnese. Su proyecto no solo incluye viñedos sino también un sistema integrado con nuez pecan, ovejas y colmenas. El otro integrante de la sociedad es el ingeniero agrónomo Horacio Beldoménico, oriundo de Rafaela.
El proceso de producción del vino comienza en los viñedos donde se cultivan variedades como Marselan, Merlot y Tannat. Según explica Agnese, la elección de estas variedades fue resultado de un estudio detallado del suelo: «hay que estudiar el suelo, hay que hacer muchas cosas». Implementaron un sistema de riego subterráneo con goteo que garantice el correcto desarrollo de las plantas durante los 8 meses que requieran riego. Cada variedad presenta características particulares: «el Merlot es muy sabroso pero muy suave» mientras que «el Tannat tiene menos sabor, pero es más potente».
La transformación de uva en vino se describe como «un proceso bioquímico donde el azúcar de la uva se transforma en alcohol». La bioquímica explica que «el vino está vivo», debido a las levaduras presentes en la piel de la uva que inician la fermentación. Este proceso se controla mediante instrumentos especializados: «se va midiendo con algunos instrumentos como hacer un mostímetro para ver la alcohólica que va teniendo, un densímetro para ver la densidad». El producto final es un vino que lleva por lema «un vino de amigos».
Lo que distingue a esta producción es su enfoque agroecológico: «la diferencia está en no usar ningún agroquímico tóxico». De hecho, han sido reconocidos como «área natural protegida categoría usos múltiples». Utilizan un compuesto especial elaborado con «bosta de vaca, suero de leche, ceniza» para promover bacterias beneficiosas, mientras que las ovejas contribuyen naturalmente al enriquecimiento del suelo: «con sus deposiciones van fertilizando naturalmente el suelo».
Este emprendimiento representa parte de la revitalización vitivinícola de Entre Ríos, cuya historia estuvo marcada por restricciones desde 1932 cuando «el gobierno dictatorial de Agustín P. Justo determinara arrasar las 5000 hectáreas de viñedos comerciales». Recién en 1992 se derogó esta prohibición, permitiendo el desarrollo de iniciativas como esta. Los productores destacan que «todo se puede con voluntad, todo se puede y todo llega», demostrando que es posible combinar producción con respeto ambiental.
La experiencia de Viñas de Barrancas no solo muestra el proceso técnico de producción de vinos agroecológicos, sino que también refleja una filosofía de vida donde «lo importante es ser» y no simplemente tener. Desde su pequeña sala de vinificación construida con materiales térmicos hasta su integración con la comunidad local, este proyecto demuestra que es posible mantener una producción sustentable en armonía con el entorno natural, siendo reconocidos tanto por su calidad como por su compromiso ambiental, manteniendo siempre presente que «estamos haciendo posible con un agregado, la ayuda que siempre nos brindaron los vecinos».






