Bárbara Siebenlist es una artista plástica nacida en Viale, que ha logrado destacarse internacionalmente con su obra, especialmente en México, donde reside desde hace 15 años. Su historia es un ejemplo de cómo la pasión y el talento pueden llevar a una persona a recorrer caminos inesperados y exitosos.
Aunque inicialmente estudió medicina en Córdoba, Bárbara siempre tuvo una conexión especial con el arte. «Mi hermano y yo siempre estábamos jugando; él también es diseñador, entonces siempre estábamos dibujando, que era nuestro juego», recuerda la artista. Esta afición infantil se convirtió en su verdadera vocación cuando, en el último año de medicina, decidió inscribirse también en Bellas Artes.
La fascinación por el muralismo mexicano la llevó a viajar a ese país. «México es como la cuna del muralismo latinoamericano», explica. Esta pasión, sumada a su interés por las culturas ancestrales y los movimientos sociales, la llevaron a establecerse en tierras aztecas.
La artista describe su proceso creativo como un estado entre el sueño y la vigilia: «Entro en un limbo, digo yo, donde me duermo y no me duermo, como que todavía lo puedo dominar». Esta conexión con su mundo interior le permite plasmar ideas e imágenes en sus obras, ya sea en murales o en lienzos de gran formato. Cuando la inspiración aparece, la anota en un cuaderno para luego seguir con la producción de la obra.
Aunque también se dedicó al tatuaje durante un tiempo, combinando sus conocimientos médicos con su talento artístico, Bárbara encontró su verdadera pasión en los murales. «Me gusta más hacer murales o cuadros en gran formato», afirma. Los tatuajes le generaban cierta tensión física y no los disfrutaba.
A pesar de su éxito internacional, mantiene un fuerte vínculo con su tierra natal. Una de sus obras más significativas la realizó en su pueblo, Viale. «Esa era la que más añoraba, la que más quería ser», confiesa. Este proyecto no solo fue importante por su contenido artístico, sino también por la participación de la comunidad local, un mural sobre la cultura Chaná, un pueblo originario que habitó la mesopotamia.
La entrerriana divide su tiempo entre México y Argentina, visitando regularmente su pueblo natal. Estas visitas le generan sentimientos encontrados: «Es emocionante ya venir. Si pudiera, vendría más seguido», dice, aunque admite que al partir «te agarra un poquito la nostalgia».
La historia de Bárbara Siebenlist es un testimonio de cómo el arte puede ser un puente entre culturas y un medio para mantener vivas las raíces, incluso a miles de kilómetros de distancia. Su talento y dedicación la han convertido en un orgullo para Entre Ríos y en una embajadora cultural en México.






